miércoles, 29 de junio de 2011

seguro que todos nos sabemos el cuento de.......











LA CENICIENTA










"¡Si la nos la sabemos de memoria"!,

direis. Y,sin embargo, de esta historia

tenéis una versión falsificada,

que alguuien con la mollera un poco rancia

consideró mejor para la infancia...



El lio se organiza en el momento

en que las hermanastras de este cucuento

se marchan para palacio y la pequeña

se queda en la bodega a partir leña.

Allí, entre los ratones llora y grita,

golpea la pared y se desganita:

"¡Quiero salir de aqui! ¡Malditas brujas!

¡¡Os arrancare el moño por granujas!".

Y así hasta que por fin asoma el Hada

por el encierro que está su ahijada.

"¿Que puedo hacer por ti, Ceni querida?

¿Por que gritas así? ¿Tan mala vida

te dan esas lechuzas?". "¡Frita estoy

porque ellas van al vaile y yo no voy!".

La chica patalea furibunda:

"¡Pues yo también quiero iré a esa fiesta inmunda

! ¡quiero un traje de noche, un paje, un coche,

zapatos de charol, sotija, broche,

pendientes de coral, pantys de seda

y aromas de Paris para que pueda

enamorar al príncipe en seguida

con mi belleza fina y distinguida!".

Y dicho y hecho, al punto que Cenicienta,

en menos tiempo que aquí se cuenta,

se persnó en Palacio, en plena disco,

dejando a sus rivales hechas cisco.


Con ceni bailó el príncipe rocks miles

tomandola en sus brazos varoniles

y ella se abrazó con tal vigor

que allí perdió su Alteza su valor,

y mientras la miró no fue posible

que le dijera cosa inteligible.

Al dar las doceCeny pensó: "Nena,

como no corras la hemos hecho buena",

y el Príncipe grito: "¡NO ME ABANDONES!",

mientras se agarraba a los riñones,

y ella tirando y el hecho un pelmazo

hasta que el taje se hizo mil pedazos.

La pobre se escapó medio en camisa,

pero perdió un zapato con la prisa.

El príncipe embobado lo tomó

y ante la corte entera declró:

"¡La dueña del pie que entre en el zapato

será mi dulce esposa, o yo me mato".

Despues como era un poco despistado,

dejó en una bandeja el chanclo amado.

Una Hermanastra dijo: "¡Ésta es la mía"!,

y, en vista de que nadie la veía,

pescó el zapato, lo tiró al retrete

y lo escamoteó en un periquete.

En su lugar, dejó su zapatilla maloliente.


En cuanto salió el Sol, salió su Alteza

por la ciudad con toda lijerza

en busca de la dueña de la prenda.

De casa en casa fue, de tienda en tienda,

e hicieron cola muchas damiselas

sin resultado. Aquella vil chinela

incómoda, pestíferica y chotuna,

no le sentaba bien a dama alguna.

Así hasta que fue el turno de la casa

de cenicienta... "¡pasa, Alteza, pasa!",

dijeron las perversas Hermanastras

y tras guiñar un ojo a la Madastra,

se puso la de mas cara de cerdo

su propia zapatilla en el pie izquierdo.

El príncipe dio un grito, horrorizado,

pero ella gritó mas "¡Ha entrado!" "!Ha entrado!

¡Serë tu dulce esposa!". "¡Un cuerno frito!"

"¡Has dado tu palabra. Príncipito,

prcioso mio!". "¿Si?-rugió su Alteza.

--¡Ordeno que le corten la cabeza!"

Se la cortaron de un único tajo

y el príncipe dijo: "Buen trabajo.

Asi ya no es tan fea". De inmediato

gritó la otra Heranastra: "¡Mi zapato!

¡Dejad que me lo pruebe!". "¡Pruba esto!"

bramó su Alteza Real con un mal gesto

y, echando mano a su real espada,

la descotó de una estocada;

cayó la cebeza en la moqueta,

dio un par de botes y se quedo

quieta...

En la cocina Cenicienta estaba

quitándole las vainas a unas habas

cuando escucho los botes, -pam-pam-pam-

del coco de su hermana en el zaguän,

así que asomó desde la puerta

y preguntó: "¿Tan pronto y ya despierta?".

El príncipe dio un salto: "¡Otro melón"!,

y a Ceny le dio un vuelco el corazón.

"¡Caray! -pensó- ¡que bárbara es su alteza!,

con ese yo no me juego la cabeza...

¡Pero si está completamente loco!".

Y cuando grtó el Príncipe: "¡Ese coco!

¡Cortárselo ahora mismo!", en la cocina

brilló la vara del Hada Madrina.

"¡Pideme lo que quieras, Cenicienta,

que tus deseos corren de mi cuenta!".

"¡Hada Madrina, -suplicó la ahijada-,

no quiero ya ni príncipes ni nada

que se le pueda parecerseles! Ya he sido

Princesa por un dia. Ahora te pido

quizá algo más dificil e infrecuente:

un compañero honrado y buena gente.

¿Podrás encontrar uno pa mï,

Madrina amada? Yo lo quiero así...".

Y en menos tiempo del que aquí se cuenta

se descubrío de prontro Cenicienta

a salbo de su Príncipe y casada

con un señor que hacía mermelada.

Y, como fueron ambos muy felices,

nos dieron con el tarro en las narices.







DIEGO

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